Hace dos semanas, fue mi cumpleaños, no me sentía nada bien al levantarme aquella mañana. Fui a comer con la esperanza de que mi esposa estaría contenta y me diría «feliz cumpleaños» y quizás tuviera un regalo para mí, pero ni siquiera me dijo buenos días.
Traté de darme ánimos y me dije «bien, quizás mis hijos se acordarán». Los niños vinieron a la ahora de comer y no dijeron ni una sola palabra.
Cuando fui a mi oficina me sentía muy deprimido, y pensé «ni siquiera el perro se ha mostrado agradecido. Qué gracia esto de celebrar un cumpleaños más. A toda mi familia le ha importado bien poco». Al entrar en mi despacho, mi secretaria, Isabel, tan guapa, me dijo: - «Buenos días jefe, y feliz cumpleaños!!». Allí me empecé a sentir algo mejor; por lo menos ella sí que se acordaba. Tras innumerables reuniones y llamadas telefónicas, ya cerca de las dos de la tarde, entró Isabel y me dijo: - «¿Sabes?, hace un día precioso y además es tu cumpleaños, ¿qué te parece si vamos a comer los dos solos?, tú y yo.» Y me dije: esta es la mejor idea de todo el día. Cogí mi chaqueta y salimos, pero en vez de ir a comer al lugar acostumbrado, fuimos a un lugar al campo, un lugar muy privado. Comimos y nos tomamos diversos martinis, la comida fue deliciosa, nos divertimos mucho.
De regreso a la oficina, ella dijo: - «Mira, ¿por qué no aprovechar este ambiente?: y no volvemos a la oficina. En lugar de esto, te invito a mi casa y te preparo unos deliciosos martinis o lo que tú quieras.» Ya en su casa, puso música suave (por cierto, una de mis preferidas), luz tenue y me dijo de manera insinuando: - «Si no te molesta, voy a mi habitación a cambiarme de ropa y ponerme algo más cómoda; ahora vuelvo». Entró en su habitación, cerrando la puerta a su paso, mientras yo me quitaba la ropa, y a los seis minutos volvió cargando una gran torta de cumpleaños… seguida de mi esposa, hijos y algunos compañeros de oficina; todos ellos cantando a coro «Cumpleaños feliiiiz…….!» … Y no os imagináis la sorpresa que me llevé al estar desnudo sólo con calcetines.
Ese día despedí a mi secretaria.



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